¿Cómo responde nuestro cuerpo a las emociones?

Muchas veces escuchamos que ante una enfermedad, el 70% de la cura está en la buena actitud que le pongamos, entonces, ¿podrá decirse que para prevenir cualquier patología, un anticuerpo natural es impregnarnos de buenas predisposiciones o “buena onda”? Estas llamadas “emociones positivas” pueden ser nuestras salvadoras y contrariamente, las negativas pueden destruir de a poco nuestro cuerpo.

“Las emociones negativas son la llave que abre la puerta de par en par para que las enfermedades se instalen porque nuestro sistema inmunológico se deprime, y de esa manera quedamos mucho más permeables a la instalación de cualquier enfermedad”, escribe el médico uruguayo Walter Dresel.

Esta conclusión ya podría ser parte del vademécum de nuestra rutina. Sin embrago no es tan simple, requiere de una postura reincidente que nos haga poner en práctica el estrecho vínculo del físico y sus emociones y no caer en el intento.

Un adolescente cuando su personalidad no le permite demostrar alguna angustia y disfraza el desánimo emocional negativo en extroversiones, seguramente a la semana caerá en una cama con fiebre o dolencia particular. De todos modos, lo más probable es que ese adolescente no identifica la vinculación entre cuerpo y emoción.

Sin poder escapar del reloj, al ser adultos le prestamos más atención al cuidado de nuestro cuerpo y aun así, estando tirados en la cama, con alguna “típica gripe de verano”, “alergia”, etc., nos cuesta entender que este padecimiento se vincula con algún fracaso afectivo, o situaciones negativas que afectan nuestro ánimo. En varias situaciones me vi yendo al médico luego de atravesar alguna preocupación o un momento de estrés.

“Actitud, abuela, actitud”

Es la frase que le repite Emilse a su abuela cada vez que la ve declinar en su estado de ánimo. “Basta que comience a hablar de los millones de problemas que atraviesan las personas de su entorno, nietos, hijos, vecino…que seguro le baja la presión, le sube el azúcar, o se tropieza y se cae. Es matemático, ella comienza con frases que la desmotivan emocionalmente y se le desequilibra su salud”, relata Emilse en el living de su departamento con su abuela queriendo dar alguna explicación.

“El cuerpo es sabio y es el único que no permite desvincular su materia de su esencia”, explica Dresel durante una entrevista con la agencia DPA en Buenos Aires, y continúa: “Como cuerpo emocional y cuerpo físico están íntimamente entrelazados entre sí, hay que cuidar ambos. Estamos hoy en un mundo en el que nos volcamos casi en un 100 por ciento al control de las emociones pero nos olvidamos de que esas emociones están íntimamente ligadas a un cuerpo físico que funciona y que está vulnerable frente a virus, bacterias, tumores, todo tipo de enfermedades que normalmente aparecen‘, advierte el médico.

El profesional que además es el cardiólogo y fundador del Centro de Liderazgo y Administración de la Vida Humana propone que el primer paso para comenzar a cuidar esta relación cuerpo emocional/cuerpo físico es no sólo conocernos a nosotros mismos, nuestros antecedentes familiares, ante inclinación hacia alguna enfermedad específica, sino también hacerle frente a las nuevas patologías, que como un estado de “nuevas tendencias de moda”, renacen y conquistan víctimas débiles, con el ánimo por el suelo.
Esta nueva tendencia es el conocido estrés. ¿Qué provoca en nuestro cuerpo el estrés? Cada vez que nos enojamos, cada vez que nos hacemos mala sangre, cada vez que gritamos, cada vez que discutimos, se produce una serie de cambios internos, una descarga muy importante de adrenalina que aumenta la presión arterial, aumentan los latidos cardíacos, aumenta el ácido clorhídrico en el estómago. Y si uno multiplica ese episodio por la cantidad de veces que sucede en el día, en la semana, en el mes y durante años, uno puede llegar a entender cómo el ser humano enferma tan prematuramente. Es tal el cansancio que afronta el cuerpo en un estado como este, que nuestras defensas decaen y dan una perfecta bienvenida a cualquier enfermedad.

La mejor herramienta para disminuir el estrés es “modificar la actitud frente a los factores que lo generan”, explica Dresel. “Hay que cambiar la actitud porque en la actitud va la vida. Si no cambiamos la actitud, ese estrés permanente va a terminar enfermándonos porque nuestro organismo es muy complaciente en muchos aspectos pero llega un momento en que claudica, enferma y muere”, alerta.

En su investigación resumidamente asegura que los problemas emocionales de los seres humanos se repiten sin importar el país, el nivel socioeconómico o de formación. “No son trastornos mentales, son los problemas con la pareja, con los hijos, con los amigos, con el entorno laboral, con el acoso, con la manipulación, con todo ese tipo de cosas que en las sociedades occidentales existen en gran medida”.

Entonces el ejercicio será tomarnos diez minutos, focalizar la causante de nuestra emoción negativa y transformarla. ¿Cómo? Yendo más allá de nuestro ombligo, mirar desde afuera y volver a preguntarnos ¿Qué no está bien en mí?, ¿Qué podría modificar?, ¿A quién podría sorprender con una visita, un regalo, una acaricia? Este simple ejercicio permite profundizar el autoconocimiento y recuperar el control de la vida, la confianza y el respeto por uno mismo.
Nuri Bendersky