Nuestras emociones


Hay personas que muestran una gran dificultad para identificar emociones, tanto en sí mismos como en los demás y algunos padecen algo llamado “alexitimia”, entendido como la incapacidad de expresar verbalmente las emociones, más que la ausencia de las mismas. También tienen problemas para diferenciar entre una emoción y otra, y entonces tenemos que pueden sentir más pero no saben expresar ese sentimiento.

Y aquí resulta interesante el contenido de la película Intensamente, donde las emociones primarias (alegría, tristeza, ira, miedo y desagrado) utilizan un mecanismo asombroso para controlar la vida de una niña, desde su nacimiento.

La película es una excelente representación de las emociones, es movilizadora y toca una etapa común en la vida de todos: la infancia. Además, es un excelente ejercicio para aquellos  que no han logrado hacer contacto entre lo que sienten y su lenguaje expresivo; se observan muchas  transiciones emocionales y también cuáles son las conductas asociadas a las respuestas emotivas. Es posible darnos cuenta de cómo van apareciendo las emociones de acuerdo con los estímulos que pasan por nuestro sistema sensorial. Lo que vemos, tocamos, sentimos, olfateamos y degustamos se traduce en lenguaje emocional, nos puede gustar o no y aún así suele ser una tarea tediosa explicar tal emoción de agrado o de desagrado. Me dirán “si te gusta es porque te hace sentir bien”, ¡Claro! ¿Pero qué es sentirte bien? ¿Qué emoción es esa? Probablemente se derive de la alegría, pero no necesariamente es alegría. Y quizá esté mezclada con otra emoción, porque al comienzo era placentero y de un instante a otro ya no lo es. ¿Qué pasó allí? Hubo una transición emocional, porque es posible pasar de una emoción a otra, y siempre depende del estímulo percibido.

Actualmente observamos la gran importancia que se le da a las emociones para describir mejor cómo se manifesto el otro; identificamos si está alegre, triste, molesto, asustado o si algo no es de su agrado con tan sólo mirar sus gestos. Esto no sucede “porque sí”, es la amígdala cerebral la encargada de desencadenar una respuesta emocional, aún sin que nuestra razón haya comprendido lo que ocurrió. El estímulo percibido toma un atajo directo a nuestra amígdala y así se obtiene la respuesta emocional. Además, la amígdala puede acoger recuerdos y repertorios de respuestas anteriores y las podemos repetir de manera automática. La amígdala cerebral es nuestra memoria emocional.

De esta forma, dándole rostro a la alegría (como en la película) podemos identificar qué otras emociones se derivan de ella: asombro, deleite, satisfacción, euforia. Lo mismo con la tristeza: pesimismo, melancolía, pena, soledad. Sin duda es menos complejo si identificamos emociones a partir de cómo se ven, y ese es el primer paso para lograr comprenderlas. Comprender una emoción implica estar atento y consciente de que la estamos experimentando.

Podemos aprender a sentir, identificar, comprender y describir mejor cómo nos sentimos mediante un entrenamiento adecuado de autoconocimiento.