
Si aprendemos a conocer nuestras emociones, podemos manejarlas, y de esta manera conectarnos con nuestro ser interior, donde se encuentra todo lo necesario para evitar sufrir y así llegar a un estado de plenitud. Una definición nos dice que “las emociones son sentimientos intensos que se activan espontáneamente como respuesta a una determinada situación o experiencia de vida”.
Si experimentamos una situación agradable, nos invade una sensación de bienestar y nos sentimos bien emocionalmente, y hasta nuestro rostro se contagia relajando sus músculos en un contexto que describimos como placentero. Pero en cambio, si nos encontramos en una circunstancia que tiene matices desagradables, experimentamos emociones displacenteras tales como ansiedad, angustia, ira, etc.
Como vemos, las emociones son una respuesta natural en nosotros, y establecen nuestro estado de ánimo. Cuando a diario convivimos con el estrés, nuestro cuerpo responde no solo emocionalmente, sino también físicamente a ese estímulo estresante, manifestándose con cansancio, debilidad, angustia y ansiedad, entre muchas. Debido a estas razones es que se nos hace muy importante percibir nuestras emociones para redirigirlas al estado en que deseamos estar.
Para ello, la clave es desarrollar la habilidad para detectar cómo nos sentimos y entender qué emociones están desarrollándose en nosotros. Cuando las detectamos estamos en condiciones de buscar que las causó, cuál es su origen, pues conociéndolo podremos modificarlo. Cuando nos dominan las emociones también se complica la relación con los demás, puesto que se nos dificulta salir del estado de ánimo en que estamos sumidos, sea éste irritabilidad, angustia, preocupación, etc., y ante cualquier situación respondemos influenciados por nuestras emociones.